trastornos de ansiedad
Psiquiatra Adultos
Dra. Loreto Neves Muller
Dr. Christian Arévalo Rodriguez
Trastornos de Ansiedad

¿Qué son los Trastornos de Ansiedad?

Se trata de un grupo de enfermedades que son altamente frecuentes, que ha afectado hasta un 18% de la población según algunos estudios, pese a lo cual no siempre son adecuadamente detectados y tratados. A diferencia de la ansiedad relativamente leve y transitoria causada por un evento estresante (como hablar en público o en una primera cita amorosa), la angustia o ansiedad en estos cuadros es persistente o recurrente, dura al menos seis meses y puede empeorar si no recibe tratamiento. Los trastornos de ansiedad se presentan comúnmente junto con otras enfermedades mentales o físicas, incluyendo abuso del consumo de alcohol o sustancias, lo cual puede enmascarar los síntomas de la ansiedad o empeorarlos.

Existen terapias eficaces para los trastornos de ansiedad; numerosas investigaciones están descubriendo nuevos tratamientos que pueden ayudar a la mayoría de las personas que padecen de trastornos de ansiedad a vivir vidas productivas y plenas.

De este grupo de trastornos, los más frecuentes son

Trastorno de Pánico

Se caracteriza por ataques repentinos de terror, usualmente acompañados por latidos fuertes del corazón, sudoración, debilidad, mareos, o desfallecimiento. Durante estos ataques, las personas con trastorno de pánico pueden acalorarse o sentir frío, sentir un hormigueo en las manos o sentirlas adormecidas; y experimentar náuseas, dolor en el pecho, o sensaciones asfixiantes. Los ataques de pánico usualmente producen una sensación de irrealidad, miedo a una fatalidad inminente, o miedo de perder el control.

El miedo a los inexplicables síntomas físicos de uno mismo, es también característico del trastorno de pánico. A veces, las personas que sufren ataques de pánico creen que están sufriendo un ataque cardíaco, que están enloqueciendo, o que están al borde de la muerte. No pueden predecir cuándo o dónde ocurrirá un ataque, y entre los episodios, muchas personas se preocupan intensamente y les aterroriza pensar en el próximo ataque.

Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento, incluso al dormir. Usualmente, un ataque alcanza su máxima intensidad durante los primeros diez minutos, pero algunos síntomas pueden durar mucho más tiempo.

El trastorno de pánico afecta a aproximadamente 6 millones de adultos estadounidenses y es dos veces más común en mujeres que en hombres. Los ataques de pánico usualmente comienzan a finales de la adolescencia o al comienzo de la edad adulta, pero no todos los que padecen de ataques de pánico desarrollarán el trastorno de pánico. Muchas personas sólo tienen un ataque y nunca vuelven a tener otro. La tendencia a desarrollar ataques de pánico parece ser hereditaria.

Las personas que presentan ataques de pánico repetidos y en su máxima expresión, pueden llegar a quedar muy discapacitadas por esta enfermedad, y deben buscar tratamiento antes de que comiencen a evitar lugares o situaciones en las cuales han padecido ataques de pánico. Por ejemplo, si un ataque de pánico ocurrió en un ascensor, alguien que sufre de trastorno de pánico puede desarrollar miedo a los ascensores, lo cual puede afectar sus decisiones laborales o de vivienda y limitar los lugares dónde dicha persona puede buscar asistencia médica o diversión.

Las vidas de algunas personas se restringen tanto que terminan evitando actividades normales, tales como ir de compras o conducir un automóvil. Aproximadamente un tercio de estas personas se limitan a vivir en sus casas o sólo pueden enfrentar una situación temida si están acompañadas por su cónyuge o una persona de confianza. Cuando la enfermedad llega hasta este punto, se llama agorafobia o miedo a los espacios abiertos.

Un tratamiento temprano puede prevenir la agorafobia, pero las personas que padecen del trastorno de pánico pueden en ocasiones ir de un médico a otro durante años, e ir a la sala de emergencias repetidamente, antes de que alguien pueda diagnosticar correctamente su enfermedad. Esto es desafortunado, ya que el trastorno de pánico es uno de los trastornos de ansiedad más tratables, ya que en la mayoría de casos responde a ciertos tipos de medicación o a ciertos tipos de psicoterapia cognitiva, lo cual ayuda a cambiar los patrones de pensamiento que conducen al miedo y la ansiedad.

Con frecuencia, el trastorno de pánico viene acompañado de otros problemas graves, tales como depresión, abuso de drogas, o alcoholismo que necesitan ser tratadas por separado. Los síntomas de depresivos son frecuentes en esta patología, alcanzando hasta un 50-60% de los casos e incluyen sensación de tristeza o desesperanza, cambios en el apetito o los patrones de sueño, falta de energía, y dificultad para concentrarse. Muchas veces las personas tienden a automedicarse con tranquilizantes o consumen alcohol en exceso, pues notan un alivio transitorio de los sintomas de angustia.

Trastorno Obsesivo Compulsivo (T.O.C.)

Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) tienen pensamientos persistentes y perturbadores (obsesiones) y usan los rituales (compulsiones) para controlar la ansiedad producida por estos pensamientos. La mayoría de las veces, los rituales terminan controlando a esas personas.

Por ejemplo, si las personas están obsesionadas con los gérmenes o la suciedad, pueden desarrollar una compulsión de lavarse las manos una y otra vez. Si desarrollan una obsesión con respecto a los intrusos, pueden trancar y volver a trancar las puertas muchas veces antes de irse a dormir. El temor a la vergüenza social puede causar que las personas con TOC se peinen el cabello compulsivamente frente a un espejo—en ocasiones pueden verse “atrapadas” ante el espejo y no pueden separarse del mismo. No es agradable realizar tales rituales. En el mejor de los casos, produce un alivio temporal de la ansiedad generada por los pensamientos obsesivos.

Otros rituales comunes consisten en la necesidad de revisar cosas repetidamente, tocar objetos (en especial en una secuencia particular), o contar cosas. Algunas obsesiones comunes incluyen el tener pensamientos frecuentes de violencia y de hacer daño a los seres queridos, el pensar persistentemente acerca de realizar actos sexuales que no son del agrado de la persona, o el tener pensamientos que son prohibidos por las creencias religiosas. Las personas con TOC también pueden preocuparse con el orden y la simetría, tener dificultad para deshacerse de cosas (las acumulan), o guardar artículos innecesarios.

Las personas sanas también tienen rituales, tales como revisar varias veces si la estufa está apagada antes de salir de la casa. La diferencia radica en que las personas con TOC realizan sus rituales a pesar de que el hacerlo interfiere con su vida diaria, y de que la repetición les resulta agobiante. Aunque la mayoría de los adultos con TOC reconocen que lo que están haciendo no tiene sentido, es posible que algunos adultos y la mayoría de niños no sean conscientes de que su comportamiento está fuera de lo común.

El TOC puede estar acompañado por otras patologías, como trastornos de la alimentación, otros trastornos de ansiedad, o depresión. Afecta en proporción similar a hombres y mujeres y usualmente aparece durante la infancia, adolescencia, o a comienzos de la edad adulta. Una tercera parte de los adultos con TOC desarrollan síntomas desde la infancia y investigaciones indican que el TOC puede ser hereditario.

La evolución de la enfermedad varía bastante. Los síntomas pueden aparecer y desaparecer, disminuir con el tiempo, o empeorar. Si el TOC llega a ser severo, éste puede incapacitar a la persona trabajar o llevar a cabo sus responsabilidades normales en casa. Las personas con TOC quizá intenten ayudarse a sí mismas evitando situaciones que provoquen sus obsesiones o usen alcohol o drogas para calmarse.

Usualmente, el TOC responde bien al tratamiento con ciertos medicamentos, habitualmente antidepresivos en dosis superior a la utilizada en otras patologías y a psicoterapia basada en exposición, en la cual la persona enfrenta situaciones que le causan miedo o ansiedad y se vuelve menos sensible a éstas (desensibilizado).

Trastorno de Estrés Postraumático

El trastorno de estrés postraumático (TEPT) se desarrolla después de una experiencia aterrorizante que involucra daño físico o la amenaza de éste. La persona que desarrolla el TEPT puede ser aquella que fue afectada, o bien el daño puede haberle sucedido a una persona querida, o puede haber sido testigo de un evento traumático que le sucedió a otras personas.

El TEPT recibió por primera vez atención pública en relación con los veteranos de guerra, pero puede ser el resultado de diversos incidentes traumáticos, tales como asaltos, violación, tortura, secuestro o cautiverio, abuso infantil, accidentes automovilísticos, ferroviarios, o aéreos, bombas, o desastres naturales tales como inundaciones o terremotos.

Las personas con TEPT pueden asustarse con facilidad, paralizarse a nivel emocional (especialmente en relación con personas cercanas a ellas), perder interés en las cosas que acostumbraban disfrutar, tener problemas para mostrarse afectuosas, ponerse irritables, más agresivas, o incluso violentas. Tales personas evitan situaciones que les recuerdan el incidente original y los aniversarios del incidente son con frecuencia un momento muy difícil. Los síntomas del TEPT parecen empeorar cuando el evento que los provocó fue iniciado deliberadamente por otra persona, como en el caso de un asalto o secuestro.

La mayoría de personas con TEPT reviven múltiples veces el trauma en sus pensamientos durante el día y en pesadillas al dormir. Esta experiencia se llama escena retrospectiva. Las escenas retrospectivas pueden consistir de imágenes, sonidos, olores, o sensaciones, y con frecuencia son situaciones rutinarias las que las provocan, tales como un portazo o una explosión del escape de un automóvil en la calle. La persona que tiene una escena retrospectiva puede perder el contacto con la realidad y creer que el incidente traumático está volviendo a suceder.

Trastorno de Ansiedad generalizada (TAG)

Todos nos preocupamos por cosas como la salud, el dinero, o los problemas familiares en un momento u otro. Pero las personas que tienen TAG están sumamente preocupadas por estas y muchas otras cosas, incluso cuando hay poca o ninguna razón para preocuparse por ellas. Hasta llegan a ponerse muy ansiosas con tan solo lidiar con las cosas de cada día. Creen que las cosas siempre van a salir mal. A veces, las preocupaciones impiden a quienes tienen TAG realizar las actividades diarias.

El TAG se desarrolla lentamente. A menudo comienza durante la adolescencia o juventud. Los síntomas pueden mejorar o empeorar en distintos momentos, y a menudo empeoran en momentos de estrés.

Las personas que tienen TAG puede que visiten a un médico muchas veces antes de descubrir que tienen este trastorno, ya que frecuentemente presentan síntomas fìsicos, como dolores de cabeza, dolores abdominales, insomnio, etc..que atribuyen a diversas enfermedades, pero no siempre obtienen de inmediato la ayuda que necesitan. A los médicos les puede llevar algún tiempo asegurarse de que una persona tiene TAG y no otra enfermedad.

¿Cuáles son los signos y los síntomas del TAG?

Quienes tienen TAG padecen los siguientes síntomas:

  • Se preocupan demasiado por las actividades de cada día.
  • Tienen problemas para controlar sus preocupaciones constantes.
  • Saben que se preocupan mucho más de lo que deberían.
  • No se pueden relajar.
  • Tienen problemas para concentrarse.
  • Se sobresaltan con facilidad.
  • Tienen problemas para dormir o permanecer dormidos.
  • Se sienten cansados todo el tiempo.
  • Tienen dolores de cabeza, dolores musculares, dolores estomacales o dolores inexplicables.
  • Tienen dificultad para tragar.
  • Temblores o tics (movimientos nerviosos).
  • Están irritables, sudan mucho y se marean o les falta el aire.
  • Tienen que ir al baño seguido.

¿Qué causa del TAG?

A veces el TAG es hereditario, pero nadie sabe con seguridad por qué algunas personas lo tienen y otras no. Los investigadores han descubierto que el miedo y la ansiedad involucran varias partes del cerebro. Al aprender más sobre cómo funciona el miedo y la ansiedad en el cerebro, los científicos podrán crear mejores tratamientos. Además, los investigadores están intentando descubrir de qué manera el estrés y los factores ambientales pueden estar involucrados.

¿Cómo se trata el TAG?

Primero hay que descartar que haya efectivamente una dolencia física que esté dando cuenta de las molestias que presente el paciente, por lo que es necesario hacer una completa historia clínico y si se requiere se solicitan pruebas de laboratorio.

Por lo general, el TAG se trata con psicoterapia, medicamentos o ambos.

Psicoterapia. El tipo de psicoterapia llamada terapia cognitiva-conductual es especialmente útil para tratar el TAG. Le enseña a la persona diferentes maneras de pensar, comportarse y reaccionar a distintas situaciones con el objetivo de ayudarla(o)a sentirse menos ansiosa o preocupada. Es una terapia que ha comprobado empíricamente su utilidad en este tipo de enfermedades.

Medicamentos. Hay dos tipos de medicamentos que se recetan con más frecuencia para tratar el TAG: los medicamentos ansiolíticos (medicamentos para controlar la ansiedad/los nervios) y los antidepresivos. Los medicamentos ansiolíticos son fuertes y existen diferentes tipos. Muchos hacen efecto de inmediato, pero generalmente no deben tomarse durante largos períodos de tiempo.

Los antidepresivos se usan para tratar la depresión, pero también sirven para tratar el TAG. Los antidepresivos pueden tardar varias semanas en hacer efecto. Estos medicamentos pueden causar efectos secundarios, como dolor de cabeza, náuseas o dificultad para dormir. Generalmente, para la mayoría de las personas, estos efectos secundarios no se convierten en un problema, en especial si se comienza con una dosis baja y se aumenta lentamente con el paso del tiempo. Es muy importante que notifique a su médico acerca de cualquier efecto secundario que tenga .

Es importante saber que, aunque los antidepresivos pueden ser seguros y efectivos para muchas personas, también pueden ser riesgosos para algunas, en especial para niños, adolescentes y adultos jóvenes. Se ha agregado una etiqueta de "caja negra" —el tipo más serio de advertencia que puede tener un fármaco recetado— a los medicamentos antidepresivos. Estas etiquetas les advierten a las personas que los antidepresivos pueden causar pensamientos suicidas o intentos de suicidio. Toda persona que tome antidepresivos debe ser supervisada de cerca, especialmente cuando comienza un tratamiento con estos medicamentos.

En general, el tratamiento combinado, psicoterapia más antidepresivos, es el que tiene mejores resultado al corto y largo plazo, pero la indicación es necesaria realizarla en función del cuadro clínico de cada persona.

 

 

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